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¿Alguna vez has querido regalar algo especial a un niño? Te aseguro que si tienes dudas, mi propuesta te va a encantar.

La idea surgió este verano. Mi hermana compartió en nuestro grupo familiar de wassap un dibujo hecho por su hija, mi sobrina Manu. Al instante se me encendió la bombilla. Las Navidades estaban a la vuelta de la esquina y este año quería que fuese especial para ella, pero no valía cualquier cosa…¡Quería regalarle magia!

Pensé… ¿Y por qué no le doy vida a su monstruo?dibujo-mostruo

Desenfundé lápiz y papel, la máquina de coser y me puse manos a la obra, telas por aquí, algunos restos de fieltro que algún día trajo mi madre a casa por allá, recuerdos de otros trabajos… sobre todo mucho amor en cada puntada y mucha ilusión.

¿El resultado?

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No tiene precio ver la cara de un niño con su monstruo entre los brazos. ¿Y yo? ¡Feliz como una perdiz!

¿Alguien da más por menos?

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Lo hago por puro egoísmo, por el placer de llevarme un instante a la boca, de saborear la vida sin soñarla, porque ya cumplí mi cupo de espera y me toca respirar la desventaja. Es la ley  del equilibrio. Primero fue la mente, ahora es el turno del cuerpo.

Hace unos años…

Hace unos años tuve una caída tonta, perfectamente evitable. Un descuido de un profesor en una clase de acrobacia. Distensión de ligamentos cruzados en mi rodilla derecha, escayola hasta la cadera y a llevarlo con humor. Hasta ahora no he querido escuchar la gravedad del asunto. He calzado tacón alto como la que más. Ni idea de lo que me podía venir encima. Ahora asumo las consecuencias. El dolor ha ido trepando cual enredadera por todo el cuerpo y se ensaña con mi cabeza hasta hacerme dormir mi  mano diestra. Curioso destino. Oír pero no escuchar al cuerpo. Estoy preparada para combatir este mal de raíz. Verlo de frente y apuntar sin más. No te dejaré ganar. 

DEP, M.A.C.G

La muerte. Un tema que ha pasado de puntillas en mi vida. Gente que apenas conocí y que se fueron sin verdadera vinculación emocional. Cada vez la veo de más cerca. Porque ya me toca. Hoy conozco la noticia de una nueva pérdida en unas condiciones que deja un mal sabor de boca. Saber que se encontró su cuerpo dentro de un coche, con las puertas cerradas por dentro y en estado de descomposición tres días después. Una persona con una familia. Relativamente joven. No sé por qué. Me abrazo a esos días de goce con olor a espeto y a mar. No fue un gran ejemplo para nadie. Pero tampoco su fin era el deseado. Estado de shock. Preguntas sin respuesta. Conversaciones pendientes. Una vida de absurdas decisiones…

Siempre he pensado que dos personas que quieren coincidir en el camino, al final terminan por encontrarse. Supongo que si no es de forma física, al menos a distancia. Lo mismo un día, una de esas personas siente una necesidad irrefrenable y escribe a la otra, lo mismo un día a alguien le dé por llamar… aunque también podría darse el caso de que los dos estén esperando del otro un primer paso, o sea, que los dos estén esperando del otro un “hola!” y nadie lo dé… o peor aún, que la primera premisa fuera incierta y que una de las dos personas, o que las dos en realidad no quisieran coincidir en el camino, y por tanto esas llamadas, o esas cartas nunca lleguen a realizarse. Vaya canallada del destino coincidir dos mentes gemelas!

CUENTAS PENDIENTES

Hoy he tenido una sesión acuífera muy agradable, dolorosa al término pero fluida y fácil en el transcurso. No logré vaciar del todo la mente, pero sé que eso es cuestión de tiempo. Mi cuerpo está comportándose como un campeón y mi cabeza cada vez se resiste menos aunque sé que es dura como una piedra y no se deja hacer fácilmente. Quiero dejar constancia de otro hecho relevante en este día que ha sido como un regalo, y es la incursión en mi vida de un instrumento musical que aparté de mi hace años. Hoy lo agarré y, como si de un hijo aborrecido y repudiado se tratase, empecé a conocerlo. El principio del fin de una cuenta pendiente. El principio del fin de un perdón.

Hoy he vivido un momento mágico, no ha sido trascendental, simplemente acople perfecto de acontecimientos. Abatimiento por trifulca familiar, salida inesperada, encuentro entre artistas y una guitarra con dueño. Tras varios monólogos cómicos de anécdotas de bar y de una noche para el recuerdo beodo, el músico se inicia en su tarea de entonar viejas canciones de facultad. Dos voces cantan. No puedo remediar unirme a ellas. Trío de ases, todo el público canta y toca palmas. Suena bonito, suena a mágico. Tiemblo. Todos somos felices cantándole a una tómbola sacada de la manga, una excusa barata para que la noche sea diferente, para que la noche huela a feria. Se rifan gran cantidad de cachivaches. Un niño de nueve rapea el tema principal de la serie “El Principe de Bell Air”. Aire. Todos coreamos. Seguimos riendo, seguimos disfrutando, seguimos viviendo.